Un nuevo telón para la posguerra

Occidente cruza un umbral inédito: asume sin plazo el precio de la firmeza contra Moscú en sus propias economías. Es decir, entre sus electores

Una de las sentencias más famosas de Lenin afirmaba que «hay décadas en las que no pasa nada y semanas en las que pasan décadas». Más de un siglo después de que la pronunciara Vladimir Ilyich, la frase cobra sentido otra vez. Solo que al revés: el entramado geopolítico, económico, comercial, tecnológico y humano construido durante décadas por Rusia para relacionarse con el mundo tras el colapso de la URSS se desmorona en pocas semanas. La invasión de Ucrania ha iniciado una regresión, en los hechos y en el lenguaje, a los años de la Guerra Fría. 

El «telón de acero» que Winston Churchill mencionó por primera vez en 1946 desciende de nuevo sobre Europa, inaugurando una era en la que la rivalidad estratégica ha dejado de medirse solo a través de la economía para reavivar el temor a un conflicto nuclear. El comercio global, los flujos de inversión públicos y privados, las oportunidades de una economía globalizada impulsada por la tecnología y las finanzas internacionales se adentran en un territorio que pocos imaginaban posible hace apenas un mes.