Qué esperar de la Alemania pos-Merkel

El nuevo DAX y un Bundestag fragmentado retan a los inversores

Suele decirse que las elecciones presidenciales norteamericanas son las más importantes en las que no podemos votar. Sin embargo, en la coyuntura actual resulta más exacto afirmar que las que se celebran en Alemania el próximo día 26 tendrán la misma o, incluso, mayor, relevancia para el futuro ese país y del proyecto europeo, que afronta el momento más delicado desde la caída del muro de Berlín en 1989. Se decide no solo la persona que sucederá a Angela Merkel, sino la dirección que tomará el socio senior, junto a Francia, del debilitado proyecto continental. 

Desde 2005, Alemania ha disfrutado –es el verbo más apropiado— de una canciller extraordinaria. En un contexto en que escasean dirigentes que trasciendan las fronteras nacionales, Merkel ha conjugado de manera poco habitual solvencia e instinto político. Amparada por el peso de la mayor economía de la Unión (el cuarto PIB mundial, después de los Estados Unidos, China y Japón) ha proyectado, para bien o para mal, la influencia germana sobre los restantes países de la Unión. La ‘bundeskanzlerin’ ha sido rigurosa hasta en sus cambios de rumbo. Si durante las crisis de Grecia y del euro en la pasada década impuso, a través de su inflexible ministro de Economía, Wolfgang Schauble, el mandato de la austeridad, en el debate sobre la recuperación del Covid doblegó los ‘frugal four’ (Austria, Dinamarca, Países Bajos y Suecia) para que aceptaran la mutualización encubierta que suponen para el Sur europeo los fondos Next Generation EU.