El BCE cambia de preocupación

Cada cambio de paradigma monetario no ha sido más que reconocer omisiones pasadas de los bancos centrales

Decía Alice Rivlin, la primera vicepresidente mujer de la Fed (entre 1996-99), que la principal tarea de un banco central es preocuparse. Rivlin resumía así la función pública más trascendental y menos democrática de las democracias modernas.

Precisamente al no depender de las urnas, ese «preocuparse» de los bancos centrales nunca se ha dejado al albur, sino que se ha embridado escrupulosamente con un marco de reglas precisas, concisas y transparentes. Ello elimina toda sospecha de arbitrariedad en política monetaria y facilita el escrutinio permanente de gobiernos y agentes económicos.