Tensiones empresariales

En diciembre se levantará la moratoria de los ERTE. Los empresarios decidirán entre presentar concurso o luchar y acabar como unos villanos

Estamos en el momento de la historia de España en el que más empresarios superan los 60 años. Han sobrevivido a la crisis de los ochenta, la de principios de los noventa, la del 2003, la financiera del 2007 y hasta la pandemia.

Algunos de ellos tienen sucesión, bastantes no. Después de toda una vida de lucha, tensión y sustos, algunos van a terminar su vida como héroes, bastantes como mártires y muchos como villanos. 

Los que conocemos la vida de muchos empresarios pensamos que son unos héroes, especialmente aquellos que se han atrevido a hacer crecer sus empresas, pues hoy sostienen numerosos puestos de trabajo enfrentándose a diario a constantes amenazas. 

Pocos aprecian el riesgo económico que asumen, la soledad que viven, su presión continua, las decisiones difíciles, los días sin dormir, los impuestos que pagan, los golpes emocionales y cómo en cualquier momento pueden perderlo todo. 

Quienes tienen muchos empleados son los más amenazados porque la empresa mediana es hoy la más frágil de todas.

Carecen de la flexibilidad de la pequeña y de las economías de escala de la grande. Está en la peor de las situaciones competitivas pues tiene que sostener una masa salarial relevante en un entorno de guerra de márgenes. 

Estamos viendo como más de 453.000 empresas españolas van a tener problemas de solvencia a causa de la crisis provocada por la pandemia, y 1,36 millones necesitarán llevar a cabo una reestructuración de los plazos de su deuda.

Es decir, hay tensiones de liquidez en un 40 por ciento de empresas y riesgo de insolvencia en un tercio de éstas. 

A los que han tenido que hacer ERTE, el Gobierno les prohíbe despedir los siguientes seis meses.

En diciembre se levantará la moratoria y muchos empresarios tendrán que decidir si presentan de manera voluntaria concurso de acreedores, convirtiéndose en mártires, o si siguen luchando con el riesgo de un concurso culpable, la pérdida de todo lo que poseen y el estigma de que les conviertan en villanos. 

Esto sucede justo en un momento de la historia en el que el dinero abunda para las medianas empresas. La razón es que la renta fija no da dinero y las bolsas están caras, por lo que el ahorro se está volcando en el capital riesgo para invertir en empresas no cotizadas. 

En el entorno competitivo actual que castiga a la empresa mediana, si el empresario quiere que su compañía sobreviva, ha de apostar por tamaño: vendiendo a una multinacional o dando entrada a inversores para que le ayuden a crecer a través de adquisiciones. 

No decidir es también una decisión que provoca que grandes empresarios, habiendo sido héroes, acaben vistos como villanos porque no pueden ni pagar a sus empleados. Un triste fin para tanto esfuerzo y generosidad tras una encomiable carrera profesional. 

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