La edad de oro

Factores que impulsan la demanda de asesoramiento financiero y de profesionales que puedan ofrecerlo de forma personalizada

Vuelven los empresarios

Creo que nunca ha habido un momento mejor en la historia para ser asesor financiero. Estamos de enhorabuena, aunque sé que esta visión choca frontalmente con la imagen que tenemos del sector financiero y en especial de la banca, enfrentada a un complejo y duro proceso de transformación.

Y mantengo esta postura simplemente echando un vistazo a todo aquello que, tapado por el alud de noticias negativas sobre el sector, pasa muchas veces desapercibido el fuerte crecimiento de la demanda y la necesidad de asesoramiento financiero por parte de los ahorradores e inversores.

La paradoja que vivimos es que, cuanta más necesidad de información, apoyo y acompañamiento tienen los ahorradores, más disminuye la presencia de su interlocutor tradicional.

Hasta hace poco, se podía ahorrar dejando el dinero en una cuenta corriente. Hoy esa opción no sirve

La banca ha reducido el 50 por ciento de las oficinas bancarias y el 37 por ciento de los empleados desde 2008.

Y los motivos son de sobra conocidos: los bajos tipos de interés y la consiguiente bajada de ingresos, el empuje de la transformación tecnológica con la llegada de nuevos competidores, los cambios de hábitos de los clientes y la presión regulatoria y normativa.

Y mientras eso sucede, en paralelo, existen una serie de factores que están impulsando la demanda de asesoramiento financiero y de profesionales que puedan ofrecerlo de forma personalizada.

En primer lugar, la transformación en la manera de ahorrar de las familias a raíz de los bajísimos tipos de interés. Hasta hace poco, se podía ahorrar dejando el dinero en una cuenta corriente o un depósito. Hoy esa opción no sirve, porque ni los depósitos ni las cuentas ofrecen prácticamente rentabilidad.

Es decir, si no queremos que año tras año nuestro dinero pierda valor bajo el efecto de la inflación, tenemos que ponerlo a trabajar. 

El Estado no puede ni podrá ocuparse de todo aquello que nos gustaría que asumiese

Por tanto, hoy en día ahorrar significa invertir y, para ello, muchas familias necesitan el apoyo de un asesor que les ayude en la transición y les apoye en la gestión de su ahorro: definir una estrategia, seleccionar los productos y servicios más adecuados y adaptar la planificación a medida que pasan los años y se avanza en el ciclo financiero de la vida.

En segundo lugar, es evidente que el resultado de las inversiones no depende tanto ni del mercado ni de los productos en los que se invierte, sino de las decisiones que toma el inversor.

En esta línea, todos los estudios en el ámbito de las finanzas conductuales han dejado claro que las dos claves que realmente determinan los resultados que obtiene un inversor son la correcta gestión de las emociones y saber evitar los sesgos de nuestro cerebro. Y en este punto, el asesor financiero juega un papel fundamental al ayudarnos a saber tomar decisiones que no perjudiquen a nuestro patrimonio.

Finalmente, otro factor que está impulsando la demanda de asesores financieros y de su acompañamiento es la constatación de que el Estado no puede ni podrá ocuparse de todo aquello que nos gustaría que asumiese: más y mejores estudios para nuestros hijos, más recursos para disfrutar de la jubilación, más comodidad en nuestro día a día…

Hoy está claro que responder a parte de esas expectativas dependerá de cada uno y de cómo planifique y gestione sus finanzas a lo largo de los años. 

Nos encontramos a las puertas de la edad de oro del asesoramiento financiero

Asesorarnos en nuestra planificación, ayudarnos a definir de forma adecuada los objetivos y estrategias que se ajusten a nosotros, acompañarnos para ir adaptándolos a cada etapa de la vida y ayudarnos a tomar decisiones adecuadas: todas ellas son las funciones principales para poder ver cumplidas nuestras expectativas de futuro, y en las que se requiere la profesionalidad de un asesor financiero. 

Como se ve, y retomando la premisa inicial que da comienzo a este artículo, a pesar de que las noticias sobre ajustes y reducciones en el sector bancario puedan llevar a pensar lo contrario, lo cierto es que cada vez hay más necesidad de profesionales que se dediquen a asesorar y acompañar a sus clientes en la planificación personalizada y la gestión de sus finanzas a lo largo de la vida.

Personas que hagan lo que un robot o un algoritmo nunca podrán hacer: estar siempre ahí, en una relación personal de largo plazo basada en la confianza mutua. Por todo ello, no me cabe la menor duda de que nos encontramos a las puertas de la edad de oro del asesoramiento financiero.

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