El campeonato nacional de jiu jitsu político

Las elecciones en la Comunidad de Madrid son más nacionales que autonómicas

Las elecciones a la Comunidad de Madrid serán las más nacionales que se recuerdan desde las primeras celebradas en las 13 comunidades del artículo 143 de la Constitución.

En mayo de 1983 se terminó de conformar el mapa de un Estado cuasifederal, la llamada «España de las autonomías». Durante décadas, la periferia ha condicionado la política del país.

Cataluña es -o, mejor dicho, fue- la máxima expresión de ese fenómeno. Los comicios del 4 de mayo contribuirán a que la política española sea de nuevo radial. Como la red de carreteras, todo parte de, pasa por, o llega a la Puerta del Sol.

Todos los partidos, incluso los que no se presentan, se juegan algo en las urnas de Madrid. Pero nadie más que Pedro Sánchez y Pablo Casado.

Para el presidente del Gobierno, pueden marcar el final de un ascenso iniciado, paradójicamente, en otoño de 2016, cuando su partido lo defenestró.

El populismo «cool» de Sánchez se mide contra el chulapismo «runner» de Ayuso

Y para el líder de la oposición, pueden decidir el tipo de liderazgo -y la persona que lo encarne- con que recuperar la Moncloa. Lo curioso, lo que revela cómo es hoy en día la política en España, es que ninguno de los dos son candidatos.

Desde que Ayuso decidió convocar las elecciones esa pugna se libró entre personas interpuestas; por elevación. Sin embargo, a medida que se acerca el 4 de mayo, el duelo entre los jefes se hace más personal.

Sánchez, que llevaba meses dosificando su presencia, de repente se prodiga ante los medios: tres de las siete com- parecencias de prensa del presidente desde enero se han producido en poco más de una semana.

Casado, por su lado, ha vuelto a su estilo más bronco en el Congreso.

Su intervención, sin papeles, en el pleno del pasado miércoles, con motivo de la discusión del plan de recuperación que el Gobierno quiere presentar en Bruselas, recordó las de los días más duros de la pandemia. «¿Quién se cree que es?»: el material del que están hechos los tuits.

¿Por cuánto ganará Ayuso?

Nadie duda que Isabel Díaz Ayuso ganará los comicios. La pregunta es ¿por cuánto? Una mayoría absoluta -69 escaños- parece difícil de alcanzar.

Ese hecho da pie al resto de los interrogantes que plantean los comicios. El principal es ¿qué pasará con Vox y con Ciudadanos?

El resultado obtenido por uno y otro tendrá, seguramente, la capacidad de inclinar la balanza hacia la derecha o la izquierda.

Y es que, en un país cada vez más polarizado entre el «ellos o nosotros», lo que se dilucida es qué bloque gobernará la región capitalina. 

Si Vox logra mantener o superar sus 12 escaños actuales, se convertirá en la clave para que el PP pueda gobernar.

Pero si Ciudadanos, a quien prácticamente todas las encuestas dan por amortizado, consiguiera superar el listón del cinco por ciento y obtener representación, podría convertirse en decisivo con su voto afirmativo o, incluso, con una abstención en una votación de investidura.

Sería irónico que el canto del cisne de una formación en acelerada descomposición decidiera si gobierna Ayuso o Gabilondo.

El resultado electoral condiciona también el futuro de Podemos y, muy concretamente, el de su secretario general. La decisión de Pablo Iglesias de abandonar el Gobierno para salvar el umbral de representación en Madrid (en 2019 lo logró por apenas seis décimas) surtirá efectos más allá del recuento de votos.

Un fracaso en sus expectativas -algo que aparece como plausible- influirá en su porvenir y en el de su partido. 

Iglesias creyó que, al presentarse sorpresivamente como candidato, convertiría las elecciones en un duelo singular entre él y Ayuso.

Pero ésta mostró una notable capacidad de jiu jitsu político al elegir a Sánchez como adversario. Con ello, el protagonismo del hasta hace poco vicepresidente ha quedado desdibujado. Y es que, en estas elecciones, cuenta tanto fomentar las filias entre el electorado como azuzar las fobias contra el rival.

Redondo vs MAR

Se enfrentan, también, dos escuelas de estrategia política. La florentina, que ejerce Iván Redondo, el gurú de cabecera de Sánchez, y la callejera, que practica Miguel Ángel Rodríguez.

El inefable MAR de los tiempos de Aznar ha logrado que alguien que empezó como subalterna de Esperanza Aguirre llegue a superar a su maestra. El populismo «cool» del presidente, enfundado en su cazadora de la suerte, se mide contra el chulapismo de la presidenta y sus mallas de «runner». 

No conviene olvidar que todo este sainete empezó cuando el PSOE decidió dar un golpe de mano en el patio trasero territorial del PP inspirado desde la trastienda de la Moncloa.

Una jugada mal calculada que ha desatado un efecto dominó cuyo recorrido no hemos terminado de ver aún: las deserciones en Cs; la llegada de la ultraderecha a un Ejecutivo regional en la persona de la pintoresca murciana Mabel Campuzano y sus colegas; la moción de censura en Castilla y León, que terminó reforzando a los censurados; la tercera encarnación política de Toni Cantó

Es el triunfo del gesto sobre la sustancia, del titular sobre el contenido; de la frase -cuánto más gruesa, mejor- sobre el razonamiento.

Falta ver si la sosez de Ángel Gabilondo, convertida en ingrediente activo de su campaña, logra suficientes votos como para que Madrid pase a ser gobernada por un frente amplio de izquierda formado con Iglesias, con Más Madrid -donde Mónica García se ha destapado como un valor el alza- y, si suena mucho la flauta, el apoyo externo de Ciudadanos («¡Madrileños por Edmundo!»), siempre que supere el cinco por ciento.

Lo que ocurra en Madrid dará un revolcón a la política nacional y pesará en lo que resta de legislatura: el futuro del gobierno de coalición, la actitud ante el irresuelto problema catalán, la respuesta a la pandemia, las prioridades del plan de recuperación, los liderazgos en los partidos…

Por lo pronto, y hasta que se cierren los colegios electorales, la campaña por la Comunidad de Madrid promete ofrecer a diario espectáculo y distracción. Mientras dure, no habrá que preocuparse demasiado por otros temas más mundanos: los problemas cotidianos de los madrileños, por ejemplo.

En portada